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Grandes ciudades, grandes riesgos: Berlín

27/10/2026

Berlín es la capital de Alemania y uno de los principales centros políticos, económicos y culturales de Europa. Aunque no presenta una gran exposición sísmica o volcánica, sí afronta importantes riesgos relacionados con el cambio climático y el desarrollo urbanístico.

Situada en una extensa llanura, Berlín está atravesada por los ríos Spree y Havel, y rodeada por numerosos lagos y zonas verdes. Con cerca de cuatro millones de habitantes, la capital alemana concentra una intensa actividad administrativa, empresarial, industrial y turística, además de infraestructuras esenciales para el funcionamiento del país. Esta elevada concentración de población y activos hace que determinados fenómenos extremos puedan tener consecuencias que van mucho más allá de los daños materiales directos.

El Análisis de riesgos climáticos de Berlín 2026 (Klimarisikoanalyse Berlin 2026), publicado por las autoridades de la ciudad en el mes de marzo, ofrece una evaluación de los principales desafíos asociados al cambio climático. Su diagnóstico apunta a una realidad que marcará cada vez más la gestión del riesgo urbano: Berlín no se enfrenta a un único fenómeno climático, sino a la combinación de fenómenos extremos. Esta tesitura pondrá a prueba tanto las infraestructuras críticas como los servicios esenciales.

Una ciudad cada vez más cálida

Los efectos del cambio climático son ya latentes en la capital alemana y están obligando a modificar la planificación urbana, la gestión de las infraestructuras y los sistemas de protección de la población. El aumento de las temperaturas constituye una de las señales más claras. Entre 1991 y 2020, Berlín registró una temperatura media anual de 10,1 °C, frente a los 9,3 °C de media en Alemania.

La evolución de las temperaturas tiene una traducción directa en el riesgo urbano. Los días con temperaturas máximas de al menos 25 °C han pasado de una media de 39 a 49 al año, mientras que los días en los que se alcanzan al menos 30 °C han aumentado de 8 a 13. Al mismo tiempo, los días de hielo se han reducido de 20 a 17. La tendencia también se refleja en episodios concretos. El 27 de junio de 2026, Berlín-Tempelhof alcanzó provisionalmente los 39,9 °C, superando el anterior récord de la capital, de 38,9 °C, registrado en 2015.

Para esta ciudad, densamente urbanizada, el problema no es solo el termómetro, sino el denominado efecto de isla de calor urbana, que puede intensificar el impacto en las zonas con mayor concentración de edificios y superficies pavimentadas y menor presencia de vegetación. Las consecuencias afectan especialmente a la salud pública, pero también a los edificios, el transporte, los espacios públicos y las infraestructuras esenciales. Para hacer frente a este riesgo, Berlín aprobó en noviembre de 2025 un Plan de Acción frente al Calor, destinado a reducir los riesgos sanitarios durante los episodios de calor extremo, con especial atención a los colectivos más vulnerables. El plan combina medidas preventivas y actuaciones destinadas a responder durante los episodios de calor.

Una exigente gestión hídrica

La gestión del agua es también un gran desafío para Berlín, que afronta la alternancia de periodos de sequía con episodios de lluvia intensa. Aunque las precipitaciones anuales no han aumentado considerablemente —y de hecho se mantienen por debajo de la media alemana—, el aumento de las temperaturas está modificando el balance hídrico. Durante los años especialmente secos de 2018 a 2022, el índice de sequedad se aproximó al umbral de aridez. La humedad del suelo tampoco presenta todavía una tendencia estadísticamente significativa, pero los veranos concentran los valores más bajos y pueden producirse episodios temporales de estrés hídrico en la vegetación.

Esta sequía puede convertirse así en un riesgo transversal. Afecta a los ecosistemas y al arbolado urbano, aumenta la vulnerabilidad de los bosques frente a los incendios y puede reducir algunas de las funciones que desempeña la vegetación en la propia ciudad, como proporcionar sombra, refrigeración y capacidad de retención de agua.

La situación obliga además a replantear la gestión del agua de lluvia. En una ciudad cada vez más impermeabilizada, el agua que no puede infiltrarse rápidamente es evacuada hacia la red de saneamiento, mientras que durante los periodos secos se pierde un recurso que podría contribuir a mantener la vegetación y reducir las temperaturas. Por ello, Berlín avanza hacia un modelo de gestión descentralizada que busca retener, infiltrar, almacenar y reutilizar el agua allí donde se genera.

Lluvias torrenciales e inundaciones

Según el análisis de riesgos climáticos, Berlín experimenta una ligera tendencia al aumento de los episodios de lluvia intensa. De media, la ciudad registra un día al año con al menos 30 mm de precipitación, y las proyecciones a futuro hablan de un incremento de la frecuencia. En la actualidad, el impacto de estas lluvias torrenciales puede ser severo, como se pudo observar en las intensas tormentas que sufrió el territorio el pasado mes de junio.

Esta situación se debe, principalmente, a las superficies impermeabilizadas, que reducen la capacidad de infiltración y favorecen que grandes volúmenes de agua se desplacen rápidamente hacia calles, zonas bajas y sistemas de drenaje. El riesgo no se limita a las inundaciones provocadas por los ríos. Las autoridades distinguen entre las inundaciones fluviales y aquellas provocadas por precipitaciones intensas o por la sobrecarga de las redes de saneamiento.

Berlín trata, por tanto, de afrontar dos problemas aparentemente opuestos: evitar que el agua provoque daños cuando llega en grandes cantidades, y conservarla cuando escasea. Por este motivo, la ciudad está incorporando el concepto de “ciudad esponja”, basado en retener el agua de lluvia en el propio entorno urbano para favorecer su infiltración, almacenamiento y posterior utilización.

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