05/11/2026
Bajo los océanos se extiende una infraestructura para la economía y las comunicaciones mundiales: los cables submarinos. Transportan la mayor parte del tráfico internacional de datos y afrontan retos tecnológicos, económicos y geopolíticos constantes.
En 2022, analizamos el papel de estas arterias invisibles, que constituyen la mayor red mundial de telecomunicaciones, de la mano de Noelia Miranda, Responsable de Proyectos del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT). Cuatro años después, retomamos este tema en una nueva entrevista conjunta con ella y María López, Técnico de Proyectos en el COIT, para analizar la evolución del sector, su importancia estratégica y los principales desafíos a los que se enfrenta.
Una red invisible, pero esencial
Según Doreen Bogdan-Martin, secretaria general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la longitud total de los cables submarinos instalados en el mundo permitiría dar entre 30 y 40 vueltas a la Tierra. Estas infraestructuras transportan, además, alrededor del 99 % del tráfico internacional de Internet.
El aumento del número de dispositivos conectados, la digitalización de la economía y el creciente volumen de datos que generamos y compartimos exigen infraestructuras capaces de transmitir cada vez más información, a mayor velocidad y con menor latencia. La necesidad de responder a esta demanda está impulsando la inversión y favoreciendo la entrada de nuevos actores en el sector.
Junto a las compañías tradicionales de telecomunicaciones, grandes empresas tecnológicas como Google, Amazon y Meta han adquirido protagonismo en el desarrollo de cables submarinos. Su capacidad inversora les permite afrontar proyectos de gran envergadura y reducir su dependencia de terceros para acceder a las redes y distribuir sus contenidos.
Entre los proyectos en marcha destaca Waterworth, impulsado por Meta, que contempla el despliegue de 50.000 kilómetros de cable para conectar cinco continentes, con un trazado diseñado para evitar zonas vulnerables como el canal de Suez o el estrecho de Malaca, y Medusa, promovido por AFR-IX Telecom y Orange y respaldado por financiación de la Unión Europea. Con una inversión prevista de 342 millones de euros, este sistema conectará cinco países europeos con cuatro africanos a través del Mediterráneo.
Geopolítica y seguridad
Miranda y López destacan que los cables submarinos han adquirido una dimensión geopolítica cada vez más relevante. Al transportar gran parte de la información mundial, se han convertido en infraestructuras estratégicas para la seguridad nacional. Las tensiones entre Estados Unidos, China y Rusia han situado el control de estas redes y la planificación de sus trazados en el centro de las preocupaciones internacionales.
Las decisiones sobre las rutas responden también a consideraciones políticas y de seguridad. Un ejemplo son las restricciones impuestas por Estados Unidos a la autorización de determinados cables que conectan con su territorio cuando sus trazados pasan por Hong Kong o intervienen empresas chinas. Estas limitaciones han contribuido a reorientar algunas inversiones hacia otros centros de conectividad asiáticos, como Singapur, Filipinas y Japón.
La planificación de rutas también está condicionada por requisitos normativos. La instalación de un cable exige obtener los permisos pertinentes en los países donde se ubican sus puntos de amarre y cumplir la normativa aplicable en las aguas territoriales y las zonas económicas exclusivas por las que discurre. Por ello, como explican las entrevistadas, algunos proyectos buscan evitar determinadas áreas, como el mar de China Meridional o el mar Rojo, con el objetivo de reducir los riesgos operativos y las dificultades asociadas a las autorizaciones.
A estas cuestiones se suma la vulnerabilidad física de las redes, que pueden sufrir daños accidentales o intencionados. A finales de 2024, varios cables del norte de Europa resultaron dañados en incidentes en los que se investigó la posible implicación de buques que arrastraban sus anclas. Aunque no se ha demostrado de forma concluyente que estos episodios fueran ataques deliberados, suscitaron una gran preocupación por la seguridad de las comunicaciones. En 2025, la Unión Europea anunció un plan para reforzar la protección de estas infraestructuras. Asimismo, la inestabilidad asociada al conflicto en Gaza ha dificultado las tareas de mantenimiento y reparación de algunos cables, lo que ha obligado a adaptar determinadas operaciones y rutas.
Gestión del riesgo: mantenimiento y protección
Entre las principales amenazas para los cables submarinos figuran los cortes provocados por las actividades pesqueras y el arrastre de anclas, los fenómenos naturales, los posibles daños derivados de la interacción con el entorno marino y las acciones humanas deliberadas. Determinar el origen de una avería no siempre resulta sencillo y depende, en buena medida, de las circunstancias y del lugar en el que se produce. Por ello, disponer de medios especializados para localizar los daños y reparar las conexiones en el menor tiempo posible es fundamental para garantizar la continuidad del servicio. Para ello, existen barcos preparados para intervenir cuando se detecta una incidencia.
La prevención también avanza gracias a tecnologías capaces de detectar anomalías antes de que se produzca una avería. Una de ellas es la detección acústica distribuida (DAS, por sus siglas en inglés), que permite utilizar la fibra óptica como sensor para identificar vibraciones a lo largo del cable. Esta tecnología puede detectar señales asociadas a actividades próximas, como el movimiento de cadenas o el arrastre de anclas.
A ella se suma el sistema de identificación automática de buques (AIS, por sus siglas en inglés), que proporciona información sobre su posición y movimientos. La combinación de ambas fuentes de información con los datos sobre la ubicación de los cables permite identificar patrones de actividad que merecen una atención especial, como la detención prolongada o los cambios de rumbo de un buque cerca de una zona sensible. Estas señales, por sí solas, no demuestran una conducta ilícita, pero pueden contribuir a mejorar la vigilancia y la evaluación del riesgo.
Las expertas también destacan las medidas adoptadas por distintos países para reforzar la protección de estas infraestructuras. Francia emplea vehículos submarinos autónomos y vehículos operados por control remoto para inspeccionar el fondo marino. Los países nórdicos han intensificado la vigilancia tras varios incidentes en el mar Báltico. Noruega y Dinamarca han reforzado sus capacidades de monitorización submarina, mientras que Finlandia ha ampliado las competencias de sus autoridades para inspeccionar actividades próximas a los cables. Australia, por su parte, ha establecido zonas de protección en torno a determinados cables submarinos, en las que se restringen actividades como la pesca de fondo y el dragado. El incumplimiento de las disposiciones aplicables puede conllevar sanciones penales, cuya gravedad depende de la infracción y de la normativa correspondiente.
Centros de datos, IA y nuevos desafíos
El crecimiento del volumen de datos y la expansión de los centros de datos están incrementando las exigencias sobre las redes submarinas. El volumen mundial de datos creados, capturados, copiados y consumidos ha experimentado un crecimiento exponencial, impulsado por el vídeo en streaming, las redes sociales, los videojuegos, los servicios en la nube, el teletrabajo y la inteligencia artificial generativa. Más del 99% de los datos intercontinentales viajan a través de cables submarinos de fibra óptica, que han pasado de ser conductos de telefonía a integrarse en las arquitecturas de los centros de datos de grandes empresas como Meta y Google. Su expansión exige redes globales malladas, resilientes y de muy baja latencia que garanticen el intercambio de datos entre regiones.
El vídeo bajo demanda y en directo representa entre el 60% y el 65% del volumen de datos de Internet. Los videojuegos también contribuyen a esta demanda: las partidas en línea requieren una latencia reducida para garantizar una experiencia fluida, mientras que la distribución digital de títulos cuyas descargas pueden alcanzar entre 50 y 150 GB incrementa las necesidades de capacidad de las redes. El tráfico asociado a estos servicios se suma al generado por los modelos de lenguaje y por la sincronización de centros de datos distribuidos entre continentes. En este contexto, la capacidad de transmisión, la velocidad y la baja latencia se mantienen como requisitos fundamentales.
Nuevas rutas y retos de futuro
La concentración de cables en puntos estratégicos, como el estrecho de Luzón y el entorno del canal de Suez, aumenta la exposición de las redes a riesgos como los daños provocados por anclas, los incidentes marítimos, los terremotos y las tensiones geopolíticas. Esta vulnerabilidad está impulsando el interés por diversificar los trazados y desarrollar rutas alternativas que reduzcan la dependencia de determinados corredores. Entre ellas figuran proyectos como 2Africa, de Meta, y corredores menos tradicionales por el Pacífico Sur o el Ártico, como Polar Express, propiedad de Rusia.
Miranda y López identifican varios desafíos para el futuro del sector. Entre ellos figuran las barreras regulatorias, que pueden dificultar la inversión y ampliar las brechas digitales, económicas y sociales; la protección física de las redes y su resiliencia en zonas de conflicto y en entornos submarinos complejos; la reducción del impacto ambiental de los despliegues, y la disponibilidad limitada de buques especializados para instalar y reparar cables.
La evolución de estas infraestructuras dependerá, por tanto, de la capacidad de responder al aumento de la demanda y de garantizar la seguridad, la resiliencia y la continuidad de unas redes esenciales para la economía digital y las relaciones internacionales.
Han colaborado en este artículo…
Noelia Miranda es Ingeniero de Telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid, responsable de Proyectos del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT). Su experiencia profesional se centra en el estudio de soluciones tecnológicas utilizadas en telecomunicaciones y de los aspectos de política económica y regulatoria de las Telecomunicaciones. Ha participado y coescrito como representante del COIT publicaciones, artículos y ponencias en revistas y jornadas y congresos. Posee formación específica en gestión y coordinación de proyectos, destacando también el desarrollo de nuevos servicios y el diagnóstico y prospección de nuevas oportunidades profesionales para el Ingeniero de Telecomunicación.

María López es graduada en Ingeniería en Tecnologías de Telecomunicación por la Universidad Carlos III de Madrid y actualmente cursa el Máster Universitario en Ingeniería de Telecomunicación en la misma universidad. Desarrolla su actividad como Técnico de Proyectos en el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), donde colabora en proyectos del ámbito de las telecomunicaciones, realizando labores de investigación y análisis técnico. En el marco de su actividad en el COIT, ha colaborado en la elaboración del presente artículo sobre cables submarinos. Cuenta asimismo con experiencia académica internacional en Estados Unidos y Francia.



